Mujeres

El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos. Proverbios 17:9

Nuestra vida está formada por relaciones que se entrelazan unas con otras y llegan a crear una gran “malla”, que hace las veces de amortiguador ante los golpes que recibimos. Padres e hijos, hijos y padres, esposo y esposa, familiares cercanos y lejanos, amigos y compañeros, son algunas de las relaciones básicas y trascendentes que establecemos todos los seres humanos.

La Biblia asegura: “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí” (Rom. 14:7). Entiendo que todo lo que hacemos nos afecta a nosotros y a los demás positiva o negativamente, para bien o para mal. Debemos cuidar nuestras relaciones personales, comenzando por la que tenemos con Dios. Cuando esta alcanza niveles de verdadera intimidad, contamos con una herramienta efectiva para construir relaciones positivas con los demás. Vivimos en intimidad con el Señor cuando nos dejamos guiar por su Palabra santa, y cuando en oración lo invocamos cada momento de nuestra vida. El mismo apóstol Pablo, tras afirmar que nadie vive para sí mismo, añade: “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Rom. 14:8).

Madres e hijas que viven separadas por el rencor, cónyuges que construyen un muro de separación entre ellos, hermanos que no pueden estar juntos por una vieja cuenta sin saldar, amigos que se desconocen aunque tuvieron muchas vivencias juntos, nueras y suegras que no pueden darse un saludo amable aunque aman al mismo hombre, son algunas de las situaciones que enfrían los corazones y nos impiden disfrutar de una convivencia placentera. Hay dos cualidades vitales que debemos desarrollar para construir relaciones positivas: la humildad y la empatía. Humildad como la de Jesucristo, que pudo perdonar a quienes lo maltrataron; y empatía para ser sensibles a las necesidades de los demás.

Si en tu vida hay relaciones rotas, y estás en la cima de la soberbia, asciende hasta la cima de la humildad y provoca un acercamiento que sane las heridas y reconstruya el gozo de la convivencia. Esto será salud para tu mente y para tu cuerpo. ¡Pruébalo!.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

ALIENTO PARA CADA DÍA

Por: Erna  Alvarado

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