Mujeres

El Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios.

Él reserva su ayuda para la gente íntegra y protege a los de conducta intachable.

Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles.

Proverbios 2:6-8

El mundo de hoy pondera la adquisición de conocimiento, hasta tal punto que muchas personas pasan gran parte de su vida haciendo estudios que les permitan ser expertos en alguna rama del saber. Esto es bueno, pues Dios nos ha regalado un mundo perfecto y extraordinario, desafiante para la mente humana. Este mundo, con todo lo que hay en él, también es obra de sus manos.

Toda la ciencia humana ha surgido del profundo deseo del hombre por descubrir las leyes que rigen la vida, y encontrar respuestas a los misterios del universo, muchos de ellos aún vedados para nosotros. El salmista, que tenía el mismo anhelo que tenemos nosotros hoy, exclamó: “¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!” (Sal. 104:24).

Sin embargo, toda la ciencia humana puede transformarse en presunción si no reconoce a Dios como el origen absoluto de todo conocimiento, y el único capaz de explicar los misterios que envuelven nuestra existencia y la de nuestro planeta. Cuando aprendemos a ver al Señor en cada cosa nueva que se descubre, nos transformamos no solamente en personas que saben mucho, sino también en verdaderos sabios.

Ser sabio significa admitir que todo el conocimiento de las ciencias humanas tiene una sola fuente, que es Dios. Ser sabios nos lleva a aceptar con humildad y reverencia su consejo: “Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad” (Prov. 3:1-2).

Amiga querida, posiblemente el conocimiento humano te dé herramientas efectivas y eficaces para llevar una vida sana, construir un hogar estable y criar a tus hijos en un buen entorno, pero solo si adquieres la sabiduría de Dios podrás estar preparada y preparar a otros para la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

 

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

ALIENTO PARA CADA DÍA

Por: Erna  Alvarado

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