Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Con frecuencia el Señor ha hablado a su pueblo para amonestarle y reprocharlo. Se ha revelado a sí mismo en misericordia, amor y bondad. No ha dejado a su pueblo apóstata librado a la voluntad del enemigo, sino que por mucho tiempo ha tenido paciencia con él, aun durante su obstinada apostasía. Pero después de que las exhortaciones han sido en vano, él prepara la vara del castigo. ¡Qué amor compasivo se ha brinda­do al pueblo de Dios! El Señor podría haber destruido en sus pecados a los que se le oponían, pero no ha procedido así. Todavía tiene extendida su mano. Tenemos razón para agradecer a Dios porque no ha quitado su Espíritu de los que han rehusado andar en su camino (Comentario bíblico adventista, tomo 3, pp. 1150, 1151).

La obediencia a la preciosa Palabra de Dios trae la belleza de la santidad. Esa Palabra, sea en el Antiguo o el Nuevo Testamento, no puede ser cambiada para adaptarla al ser humano en su condición caída; siempre mantiene su nivel santo y elevado. “Haz esto y vivirás”. Todos los seres humanos necesitan un modelo, y ese modelo está claramente revelado en la Palabra de Dios, que es la expresión de su voluntad. Esa Palabra le revela al ser humano sus defectos de carácter y su condición desesperada a menos que retome a su lealtad a Dios. La Palabra de Dios requiere la obediencia a su ley, y mediante la fe en Cristo puede alcan­zarse la excelencia del carácter (Review and Herald, 17 de octubre, 1899).

Cristo nos dice que los días previos a su aparición en las nubes del cielo serán semejantes a los días de Noé. El Redentor del mundo conoce bien la historia pasada y puede predecir la historia futura. La naturaleza humana de los días de Noé y la naturaleza humana de nuestros días son semejantes, porque ambas rechazan la influencia del Espíritu de Dios. Jesús reconoce el Génesis como inspirado, mientras que en nuestros días muchos reconocen la inspiración divina del Nuevo Testamento pero no le dan importancia a las Escrituras del Antiguo. Sin embargo, ambos no pueden ser divorciados. Tanto los apóstoles que escribieron el Nuevo Testamento como Cristo mismo, llevan constantemente las mentes de los que investigan las Escrituras al Antiguo Testamento. Cristo hace referencia a Noé como a una persona literal, y se refiere al diluvio como a un hecho histórico. Se pronuncia acerca del Antiguo Testamento como de origen divino. El, la Verdad y la Vida, anticipa los cuestionamientos y dudas de nuestra generación (Signs of the Times, 20 de diciembre, 1877).

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