NOTAS DE ELENA 2013

Jueves 14 de febrero:
Mediante los ojos de la fe
Dios nos insta a contemplar sus obras en el mundo natural. Desea que todos apartemos nuestra mente del estudio de lo artificial para dedicarlo a lo natural. Lo comprenderemos mejor al elevar nuestra mirada a las colinas de Dios, y contemplar las obras que él ha hecho con sus propias manos. Su mano ha modelado las colinas, y las ha puesto en equilibrio en su sitio, a fin de que no se muevan sino a su mandato. El viento, el sol, la lluvia, la nieve y el hielo son servidores que cumplen su voluntad.

Para el cristiano, el amor y la benevolencia de Dios pueden verse en cada don de su mano. Las bellezas de la naturaleza son motivo de su contemplación. Al estudiar los encantos naturales que nos rodean, la mente pasa de la naturaleza al Autor de todo lo amable. Todas las obras de Dios hablan a nuestros sentidos, magnificando su poder y exaltando su sabiduría. Cada ser creado tiene en sus encantos aspectos interesantes para el hijo de Dios, y modelan su gusto para contemplar esas preciosas evidencias del amor de Dios por encima de las obras de la pericia humana.

Con palabras saturadas de ardiente fervor, el profeta magnifica a Dios en sus obras creadas: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Hijos e hijas de Dios, p. 112).

Ningún hombre puede explicar los misterios de Dios. Su gloria está escondida del mundo. ¿De qué valor son, entonces, las conjeturas y especulaciones humanas concernientes a su personalidad?… Cristo es el representante del Padre, “la imagen misma de su sustancia”.
La creación nos habla de la capacidad y del poder de Dios. En su bondad, él puso en la tierra hermosas flores y árboles, adaptados maravillosamente a los lugares y al clima donde crecen. Y, aunque el pecado estropeó la forma y la belleza de las cosas de la naturaleza, aunque en ellas se vean señales de la obra del príncipe del poder del aire, aun así hablan de Dios, y todavía revelan algo de la belleza del Edén.

En los cielos, en la tierra, en las anchas aguas del océano, vemos la obra de Dios. Toda la creación testifica de su poder, su sabiduría y su amor. Sin embargo, no aprendemos ni de las estrellas, ni del océano, ni de las cataratas, acerca de la personalidad de Dios. Cristo vino a revelar esto…

Cristo vino a revelar a la raza caída el amor de Dios. Él, la Luz del mundo encubrió el deslumbrante esplendor de su divinidad, y vino a vivir a esta tierra como un hombre entre los hombres, para que ellos, sin ser consumidos, pudieran relacionarse con su Creador.
Ningún hombre ha visto a Dios fuera de lo que Cristo ha revelado de él (Alza tus ojos, p. 332).

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