Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

El Señor hizo un pacto especial con el antiguo Israel: “Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi espe­cial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y voso­tros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19:5, 6). Se dirige al pueblo que guarda sus mandamientos en estos últimos días diciendo: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos camales que batallan contra el alma” (1 Pedro 2: 9, 11).

No todos los que profesan guardar los mandamientos de Dios guar­dan sus cuerpos en santificación y honor. El más solemne mensaje que alguna vez haya sido encomendado a los mortales, ha sido confiado a este pueblo, y pueden tener una influencia poderosa si permiten que este mensaje los santifique (Consejos sobre la salud, p. 569).

Moisés fue inspirado a profetizar el seguro resultado de la apostasía. Claramente mostró los males que sobrevendrían si se separaban de los estatutos de Jehová. Llamó al cielo y a la tierra como testigos contra el pueblo, y declaró que si después de morar por largo tiempo en la tierra prometida introducían cosas que sus ojos había visto e imágenes que habían formado, y rehusaban volver al culto del Dios verdadero, la ira del Señor se levantaría y serían esparcidos y llevados cautivos a tierras paganas…

Esta profecía, cumplida en parte durante el tiempo de los jueces de Israel, se cumplió en forma completa y terrible en la cautividad de Israel en Asiría y de Judá en Babilonia. De generación en generación Satanás intentó repetidamente que Israel olvidara “los mandamientos, estatutos y decretos” (Deuteronomio 6:1) que habían prometido guardar, porque sabía que si podía llevar a Israel a olvidar a Dios y andar detrás de dioses ajenos, a servirlos y adorarlos (Deuteronomio 8:19), entonces la nación elegida seguramente perecería… Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Satanás de desbaratar el propósito de Dios para su pueblo elegido, aun en las horas más oscuras de la historia de Israel, cuando parecía que las fuerzas del mal obtendrían la victoria, el Señor miseri­cordiosamente les reveló las cosas que les beneficiarían como nación: “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña”. “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba” (Oseas 8:12; 11:3). Con ter­nura trató con ellos, instruyéndolos, línea sobre línea y precepto sobre precepto, mediante sus profetas (Review and Herald, 9 de febrero, 1914).

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