Lección 10 | Lunes 2 de septiembre del 2019 | Compasión y arrepentimiento | Escuela Sabática

Lunes 2 de septiembre
COMPASIÓN Y ARREPENTIMIENTO
Las historias entremezcladas de la salvación y del Gran Conflicto nos llaman a reconocer una verdad sobre la vida que es fundamental para nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos, y es que nosotros y nuestro mundo tenemos una condición caída y somos pecaminosos. Nuestro mundo no es hoy aquello para lo que fue creado, y aunque todavía tenemos la imagen del Dios que nos creó, somos parte de la transgresión del mundo. El pecado de nuestra vida tiene la misma naturaleza que el mal que causa tanto dolor, opresión y explotación en el mundo.
Por lo tanto, está bien que percibamos el dolor, el malestar y la tragedia del mundo y de las vidas que nos rodean. Tendríamos que ser robots para no sentir el sufrimiento de la vida aquí. Los lamentos del libro de los Salmos, las tristezas de Jeremías y los otros profetas, y las lágrimas y la compasión de Jesús demuestran lo apropiado de este tipo de respuesta al mundo y su maldad, y en particular a aquellos que a menudo se sienten afectados por ese mal.
Lee Mateo 9:36; 4:14; Lucas 19:41 y 42; y Juan 11:35. ¿Qué pasó en cada uno de estos versículos que Jesús se conmovió de compasión? ¿Cómo podemos tener un corazón que se suavice con el dolor que nos rodea?
También debemos recordar que el pecado y el mal no solo están “allá afuera”, o no solo son consecuencia de la transgresión de los demás: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). En la concepción de los profetas bíblicos, el pecado era una tragedia, no mayormente porque alguien había transgredido “las reglas”, sino porque el pecado había roto la relación entre Dios y su pueblo, y también porque nuestro pecado daña a los demás. Esto puede darse en pequeña o gran escala, pero es el mismo mal.
El egoísmo, la codicia, la mezquindad, el prejuicio, la ignorancia y el descuido son la raíz de todo el mal, la injusticia, la pobreza y la opresión del mundo. Y confesar nuestro pecado es un primer paso para resolver este mal, así como también un primer paso para permitir que el amor de Dios ocupe el lugar que le corresponde en nuestro corazón: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Mírate (pero no demasiado cerca ni por mucho tiempo). ¿En qué aspectos estás hecho pedazos y eres parte del problema mayor? ¿Cuál es la única respuesta y el único lugar para buscar ayuda?
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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
Lectura del Folleto de Adultos
Lección 10: Para el 7 de septiembre de 2019
DE QUÉ MODO VIVIR EL EVANGELIO
Tercer Trimestre 2019 – Servir a los necesitados
“Uno de estos mis hermanos más pequeños”
Narración: Carlos Martín

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