Lección 7 | Miércoles 14 de agosto del 2019 | La caridad comienza en casa | Escuela Sabática Jóvenes

MIÉRCOLES 14 AGOSTO

LA CARIDAD COMIENZA EN CASA

Cómo hacer:  Mat. 20:28; 2 Cor. 5:14; Rom. 14:7; 1 Tim. 1:6

Puede que nos tentemos a mostrar nuestro amor a Dios haciendo “cosas grandes” por la iglesia o dando grandes sumas de dinero a una organización benéfica; pero así no es como Dios ve las cosas. Nosotros expresamos el amor puro de Cristo al mostrar preocupación sincera los unos por los otros (Mat. 25:35,40). Si el amor de Dios motiva nuestras acciones, daremos todo lo que está en nuestro poder para mostrar su amor y proclamar el evangelio utilizando nuestros dones y talentos para servir a otros (2 Cor. 5:14).

Cada uno de nosotros tiene el privilegio de representar al Salvador al ministrar a otros. Pedro ofrece la mejor descripción del ministerio terrenal del Salvador en cuatro palabras: “Anduvo haciendo el bien” (Hech. 10:38). Él ejemplificó una vida que vale la pena vivir. Elena de White comparte la misma idea: “Cada acto de nuestra vida afecta a otros para bien o para mal”.’ Cada uno de nosotros tiene el privilegio de representar al Salvador al ministrar a otros. Tenemos que preguntarnos: ¿cómo puedo usar mis talentos y dones para compartir la luz del evangelio con quienes me rodean? Aquí hay algunas maneras en las que podemos marcar la diferencia brillando por Cristo:

Pide a Dios dirección y fuerza. Cuando le pedimos a Dios dirección, le entregamos el control de nuestra vida para no hacer nada por nuestras propias fuerzas o para nuestro propio bien; lo hacemos para glorificar a Dios y aliviar los problemas de otros.

Sé audaz al compartir tus talentos. Elena de White, al comentar sobre el hombre que recibió un solo talento, dice: “Los talentos, aunque sean pocos, deben usarse. La pregunta que más nos debe interesar no es: ‘¿Cuánto he recibido?’, sino: ‘¿Qué estoy haciendo con lo que tengo?’ V Cada uno ha sido bendecido con diferentes dones y talentos con el propósito de ministrar (1 Cor. 12:4,5).

Ten una misión. Debemos ser ambiciosos para la gloria de Dios, determinados a vencer todos los obstáculos y a cumplir el propósito de nuestra existencia para glorificar a Dios (1 Cor. 10:31). Jesús tenía la misión de salvar a los perdidos, y deberíamos continuar esta misión ayudando a otros (Luc. 4:16-21; ver Isaías 58 y Mateo 25).

Sé fuerte en el Señor. Siempre habrá desafíos y tentaciones cuando tratemos de hacer buenas acciones. Así como los fariseos y los saduceos percibieron a Jesús como una amenaza, algunas personas no apoyarán nuestro ministerio. Debemos ser fuertes en el Señor. Tenemos el privilegio de seguir el ejemplo de Cristo en cada desafío y triunfar para trabajar por la salvación de otros.

PARA PENSAR Y DEBATIR

¿De qué formas prácticas podemos mostrar amor a Dios al ministrar a otros?

¿Qué situaciones difíciles podemos aliviar de los miembros de nuestra comunidad?

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ESCUELA SABÁTICA PARA JÓVENES

Lectura del folleto Joven

Lección 7: Para el 17 de agosto de 2019

JESUS Y LOS NECESITADOS

Tercer Trimestre 2019 – Servir a los necesitados

Narración: Adan Vicente

(117)

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