Lección 8 | Lunes 19 de agosto del 2019 | Conexión reanudada | Escuela Sabática Jóvenes

LUNES 19 AGOSTO
CONEXIÓN REANUDADA
Logos | Heb. 10:24,25
LA CONFRATERNIZACIÓN ES UN IMPERATIVO (1 TES. 4:17; HEB. 10:24. 25)
Ser parte de una comunidad requiere mucho trabajo. La tentación es mantenerse alejado de la comunidad para evitar los dramas. Pero, especialmente al acercarse la segunda venida de Cristo, es imperativo que nos unamos en confraternidad. “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb. 10:24, 25). Según este texto, Pablo comprende la necesidad de estar juntos aquí, en la Tierra, como un prerrequisito para ser “arrebatados […] para encontrarnos con el Señor en el aire” (1 Tes. 4:17).
La necesidad de conectarse que tiene la humanidad puede encontrarse a lo largo de la Biblia, como parte del diseño original de Dios. Es el pecado lo que ha causado nuestra separación de Dios y la división entre nosotros. A medida que Dios traiga sanidad espiritual a nuestra vida, nos acercaremos y relacionaremos unos con otros. Nos podemos preguntar: si no nos estamos acercando entre nosotros, ¿realmente estamos siendo transformados por Dios?

LA CONFRATERNIZACIÓN ES INEVITABLE (JUAN 13:34-15:12)
Cuando nos acercamos a Dios, acercarnos entre nosotros no solo es una demostración de obediencia al mandato de Dios de congregarnos: más bien, es un resultado natural del amor que Dios pone en nuestro corazón. El insondable amor y perdón de Dios, experimentado en nuestra vida, inspira en nuestro corazón amor y perdón hacia otros. Contemplando el amor de Jesús somos transformados a su semejanza, y llegamos a ser cristianos amantes (2 Cor. 3:18).
Además, fuimos diseñados originalmente para vivir en comunidad. Cuando Dios creó a la humanidad, creó a dos seres que podían relacionarse el uno con el otro pero que eran diferentes entre sí. Juntos, Adán y Eva conformaban la imagen de Dios, quien existe como la Trinidad, tres Seres pero un solo Dios.
Si los seres humanos fuimos hechos a la imagen de Dios -que es tres y uno al mismo tiempo-, no es natural que vivamos divididos. Por detrás de nuestras divisiones se puede encontrar la influencia deterioradora del miedo. Al examinar la vida de Adán y de Eva podemos ver que por consentir en la desobediencia, huyeron al oír la voz de Dios; y, tristemente, huyeron el uno del otro. En lugar de aceptar la responsabilidad por sus acciones, buscaron poner la culpa en otro lado, abandonando el principio central de su relación: unirse para llegar a ser un solo ser. Sin embargo, sus miedos fueron aliviados ante la promesa de que la serpiente sería derrotada, la misma que instigó su separación.
Jesús, el cumplimiento de esta promesa, que aplastó la cabeza de la serpiente, anima a sus seguidores: “No se angustien. […] Ustedes estarán donde esté yo” (Juan 14:1-3). Eso trae esperanza al corazón de quien lo sigue, y abre las puertas para que exista una conexión adecuada entre los seres humanos.
¡La esperanza es el arma más poderosa contra el miedo!
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ESCUELA SABÁTICA PARA JÓVENES
Lectura del folleto Joven
Lección 8: Para el 14 de agosto de 2019
AUN POR EL MAS PEQUEÑO
Tercer Trimestre 2019 – Servir a los necesitados
Narración: Adan Vicente

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