Lección 9 | Miércoles 29 de mayo 2019 | Perder la libertad | Escuela Sabática Adultos

Miércoles 29 de mayo
PERDER LA LIBERTAD
Solo Dios sabe cuántos millones –incluso miles de millones– de personas luchan contra alguna forma de adicción. Hasta el día de hoy, los científicos todavía no entienden exactamente cuál es la causa; aunque en algunos casos realmente se puede ver la parte de nuestro cerebro en la que se encuentran los antojos y los deseos.
Desgraciadamente, hallar la ubicación de esas adicciones no es lo mismo que librarnos de ellas.
La adicción es complicada para todos, no solo para el adicto. Los miembros de la familia (padres, cónyuges, hijos) sufren mucho cuando un miembro de la familia está bajo un poder del que parece que no puede librarse.
Las drogas, el alcohol, el tabaco, los juegos de azar, la pornografía, el sexo e incluso la comida: lo que convierte estas cosas en adicciones es la naturaleza habitual y progresiva de su uso o abuso. La persona es incapaz de detenerse incluso cuando sabe que le está haciendo daño. Si bien disfruta de su libertad de elección, se convierte en esclava de lo que le causa la adic¬ción, y así pierde la libertad. Pedro tiene una explicación simple de lo que es un adicto y los resultados que padece: “Les prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, ya que cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado” (2 Ped. 2:19, NVI).
¿Qué cosas pueden llevar a la gente a la adicción? Lucas 16:13; Romanos 6:16; Santiago 1:13-15; 1 Juan 2:16.
El pecado y la adicción no son necesariamente lo mismo. Puedes cometer un pecado del que no eres adicto, aunque a menudo este puede convertirse en una adicción. Cuánto mejor, mediante el poder de Dios, es detener el pecado antes de que se convierta en una adicción. Y, por supuesto, la única solución duradera al problema del pecado y de la adicción es recibir un corazón nuevo. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gál. 5:24). Pablo también explica a los romanos lo que significa morir a esa naturaleza pecaminosa y adictiva a fin de que podamos vivir para Cristo (Rom. 6:8-13) y luego agrega: “Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa” (Rom. 13:14, NVI).
¿Quién no conoce personalmente la lucha contra las adicciones, en su vida o en la de los demás, o incluso de algún miembro de la familia? ¿Cómo puedes ayudar a las personas a comprender que el hecho de que quizá necesiten ayuda profesional no es admitir un fracaso espiritual, incluso como cristianos?
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Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 9: Para el 1 de junio de 2019
TIEMPO DE PERDER
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Carlos Martín

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