folleto segundo

JUSTICIA PARA LOS OPRIMIDOS

El juicio universal de Dios es una de las enseñanzas centrales que encon­tramos en Amós. Al comienzo de su libro, el profeta anuncia el juicio de Dios sobre varios de los vecinos de Israel por causa de sus crímenes contra la hu­manidad, pero declara que Dios también juzgará a Israel. La ira de Dios iba dirigida no solamente contra las naciones sino también contra el pueblo que él había escogido. Judá había rechazado la Palabra de Dios y no había guardado sus instrucciones.

Pero Amós trató con Israel mucho más que con Judá, porque quebrantó el pacto de Dios y cometió muchos pecados. La prosperidad económica y la estabilidad política de Israel llevaron al deterioro espiritual, y esto se mostró en injusticia social. En Israel, los ricos explotaban a los pobres; y los poderosos, a los débiles. Los ricos se interesaban solo en sí mismos y sus ganancias perso­nales, obtenidas a expensas de los pobres (no cambió mucho desde entonces, ¿verdad?).

Amós enseñó que Dios se interesa en cómo tratamos a otros. La justicia es más que una idea o una norma: es una preocupación divina. El profeta advirtió que las casas de piedra de Israel, los muebles con incrustaciones de marfil, los alimentos y las bebidas de alta calidad, así como las mejores lociones para el cuerpo, todo sería destruido.

Lee Isaías 58. ¿De qué maneras este capítulo capta aspectos de la ver­dad presente? Con todo, ¿de qué maneras nuestro mensaje al mundo es mucho más que esto?

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La Biblia enseña claramente que la justicia social debería ser un producto natural del evangelio. A medida que el Espíritu Santo nos hace más semejantes a Jesús, aprendemos a compartir las preocupaciones de Dios. Los libros de Moisés y los profetas hablan de que Dios se preocupa por un trato justo a los extranjeros, las viudas y los huérfanos (Éxodo 22:21-24), y los menos privilegiados (Isaías 58:6, 7). El salmista llama a Dios “padre de huérfanos y defensor de viudas” (Salmo 68:5). Cristo mostró gran preocupación por los que la sociedad rechazaba (Marcos 7:24-30; Juan 4:7-26). Santiago nos llama a poner nuestra fe en acción y ayudar a los necesitados (Santiago 2:14-26). Ningún seguidor de Cristo puede hacer menos y realmente ser un seguidor de Cristo.

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