NOTAS DE ELENA 2013

Una compañera para Adán

El matrimonio recibió la sanción y bendición de Cristo y debe considerarse como una institución sagrada. La verdadera religión no contrarresta los planes del Señor. Dios ordenó que la mujer se uniera al hombre en santo matrimonio para formar familias coronadas de honra que fueran símbolos de la familia celestial… El matrimonio, cuando se forma con pureza y santidad, verdad y justicia, es una de las mayores bendiciones dadas a la familia humana…

El amor divino que emana de Cristo nunca destruye el amor huma­no, sino que lo abarca, refinado y purificado. Por él, el amor humano es elevado y ennoblecido. El amor humano nunca puede llevar su precioso fruto hasta que sea unido con la naturaleza divina y ejercitado a crecer hacia el cielo. Jesús quiere ver matrimonios felices, hogares felices. El calor de la verdadera amistad y el amor que une los corazones del espo­so y la esposa es un goce anticipado del cielo (En lugares celestiales, p. 202).

Dios celebró la primera boda. De manera que la institución del matrimonio tiene como su autor al Creador del Universo. “Honroso es en todos el matrimonio” (Hebreos 13:4). Fue una de las primeras dádi­vas de Dios al hombre, y es una de las dos instituciones que, después de la caída, llevó Adán consigo al salir del paraíso. Cuando se reconocen y obedecen los principios divinos en esta materia, el matrimonio es una bendición: salvaguarda la felicidad y la pureza de la raza, satisface las necesidades sociales del hombre y eleva su naturaleza física, intelectual y moral (Conflicto y valor, p. 14).

Hubo dirigentes religiosos que hicieron leyes que prohibían casarse y recomendaban recluirse en monasterios. Estas leyes y restricciones fueron inventadas por Satanás para colocar a hombres y mujeres en condiciones no naturales, y para que consideraran la ley del matrimo­nio como algo no santo. Al mismo tiempo quería abrir la puerta para la indulgencia de las pasiones humanas, lo que produjo algunos de los mayores males en nuestro mundo: adulterio, fornicación, y la matanza de niños inocentes nacidos fuera del matrimonio (Signs of the Times, 30 de agosto, 1899).

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