Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Lunes 29 de abril:

Religión como siempre

Hubo tiempos en que los juicios del Cielo cayeron en forma muy gravosa sobre el pueblo rebelde. Dios declaró: “Por esta causa corté con los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adam, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí” (Oseas 6:5-7)…

Los profetas continuaron protestando contra esos males, e intercediendo porque se hiciese el bien. Oseas rogaba: “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia”. “Tú pues, conviértete a tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre”. “Conviértete, oh Israel, a Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído… Decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien” (Oseas 10:12; 12:7; 14:1, 2)…

Se dieron a los transgresores muchas oportunidades de arrepentir-se. En la hora de su más profunda apostasía y mayor necesidad, Dios les dirigió un mensaje de perdón y esperanza. Declaró: “Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. ¿Dónde está tu rey, para que te guarde?” (Oseas 13:9,10). El profeta suplicó: “Venid y volvámonos a Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Oseas 6:1-3) (Profetas y reyes, pp. 210-212).

En sus lecciones acerca de la verdad divina, Jesús procuraba dirigir las mentes de sus oyentes a ver más allá de los sacrificios y ofrendas de las ordenanzas judías, para entender lo que éstos simbolizaban. Exaltaba la ley de Dios, mostrándoles que era más completa que las leyes civiles de los reinos terrenales, y que sus puros y santos principios que sus profetas habían declarado, debían ser comunicados al mundo. Esa era la obra para la que él los instruía. Sin embargo, a pesar de que Cristo les enseñó, línea sobre línea y precepto tras precepto, la nación judía se hundió en una dolorosa idolatría. Las formas y ceremonias reemplazaron el culto espiritual. Con mucho celo observaban rígidamente las actividades externas y consideraban que su decaimiento como nación se debía a que no habían sido suficientemente rígidos en observarlas. Se le pidió a la gente cumplir con cansadoras formalidades de purificación, más exigentes que las que, mediante Moisés, se les había ordenado. Tenían que repetir largas y tediosas oraciones, observar ayunos, lavar y limpiar sus utensilios, y cumplir otras ceremonias que no tenían significado alguno (Signs of the Times, 24 de octubre, 1895).

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