Mujeres

Yo clamaré a Dios, y el Señor me salvará.

Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha. Salmo 55:16-17

La mañana y la tarde determinan en gran medida nuestra calidad de vida.

Quien inicia un día con gozo y alegría, y en compañía del Señor, podrá con más facilidad hacer frente a los desafíos y las circunstancias difíciles que se podrán presentar durante el mismo. Todo aquel que concluye la jornada diaria con sentimientos positivos hacia su persona por las tareas realizadas, y se inclina ante la majestad de Dios para dar gracias, disfrutará sin lugar a dudas de una noche de sueño reparador.

Cuando pienso en esto, entiendo con mayor claridad la razón por la que Dios dio a su pueblo la siguiente indicación: “El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deut. 6:4-7). Esta es una invitación a experimentar la presencia y la compañía de Dios en forma permanente. Equivale a tener la convicción de que él tiene completo control de nuestra vida, y que si se lo permitimos, él también se hará cargo de todas nuestras necesidades y preocupaciones.

Hermana, quien haga de su encuentro con Dios la primera actividad de cada día, estará preparada para hacer frente a los desafíos de la vida diaria, y ante cada uno de ellos podrá echar mano de toda la fortaleza que proviene de Dios. Tendrá fuerzas renovadas para vivir, amar, perdonar y transformar su entorno. Las mujeres de poder logran todos sus éxitos con humildad y de rodillas ante la augusta presencia del Todopoderoso.

Al llegar la noche, cuando los rayos del sol se han extinguido y él ánimo cansado busca un oasis de paz, Dios nos ofrece su brazo fuerte, su regazo tierno, su oído amoroso. Por medio de ellos hallaremos renovación física, mental y espiritual.

Ojalá que hoy, al comenzar este día, tu oración sea: “Clamo al Señor a voz en cuello, y desde su monte santo él me responde. Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar, porque el Señor me sostiene” (Sal. 3:4-5)..

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

ALIENTO PARA CADA DÍA

Por: Erna  Alvarado

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