Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Los israelitas no tenían excusa por olvidarse del verdadero carácter de Jehová. Con frecuencia se les había revelado como “Dios misericor­dioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Salmo 86:15). Había testificado: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1).

El Señor había tratado a Israel con ternura al librarlo de la servi­dumbre egipcia y mientras viajaba hacia la tierra prometida. “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo” (Isaías 63:9).

“Mi rostro irá contigo” (Éxodo 33:14), fue la promesa hecha duran­te el viaje a través del desierto. Y fue acompañada por una maravillosa revelación del carácter de Jehová (Profetas y reyes, p. 231).

Dios no promete a su pueblo que estará libre de dificultades, pero promete algo mucho mejor: “Como tus días serán tus fuerzas” (Deuteronomio 33:25). “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfec­ciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Cuando llegan las tribula­ciones, el Señor no quiere que pensemos que nos ha abandonado. Por el contrario, somos de gran valor a su vista porque nos iguala con los sufrimientos de su amado Hijo…

Muchos dejan de regocijarse cuando enfrentan pruebas. Como Pedro, miran las olas turbulentas que los rodean, en lugar de fijar su vista en Jesús. Cuando dejamos de mirar las dificultades y miramos a Jesús nuestro ayudador, “sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). No nos olvidemos de la exhortación que se nos hace: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?… Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” (Hebreos 12:5-10) (The Bible Echo, 1º de marzo, 1893).

Las pruebas y los obstáculos son los métodos de disciplina que el Señor escoge, y las condiciones que señala para el éxito. El que lee en los corazones de los hombres conoce sus caracteres mejor que ellos mismos. Él ve que algunos tienen facultades y aptitudes que, bien dirigidas, pueden ser aprovechadas en el adelanto de la obra de Dios. Su providencia los coloca en diferentes situaciones y variadas circuns­tancias para que descubran en su carácter los defectos que permanecían ocultos a su conocimiento. Les da oportunidad para enmendar estos defectos y prepararse para servirle. Muchas veces permite que el fuego de la aflicción los alcance para purificarlos.

El hecho de que somos llamados a soportar pruebas demuestra que el Señor Jesús ve en nosotros algo precioso que quiere desarrollar. Si no viera en nosotros nada con que glorificar su nombre, no perdería tiempo en refinarnos. No echa piedras inútiles en su hornillo. Lo que él refina es mineral precioso. El herrero coloca el hierro y el acero en el fuego para saber de qué clase son. El Señor permite que sus escogidos pasen por el homo de la aflicción para probar su carácter y saber si pueden ser amoldados para su obra (El ministerio de curación, pp. 373, 374).

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