NOTAS DE ELENA 2013

Martes 12 de febrero:
El gobernante de este mundo
Satanás emplea a hombres y mujeres como agentes para inducir al pecado y hacerlo atractivo. A estos agentes los educa fielmente para disfrazar el pecado a fin de poder destruir con más éxito a las almas y despojar a Cristo de su gloria. Satanás es el gran enemigo de Dios y del hombre. Se transforma por sus agentes en ángel de luz. En las Escrituras es llamado destructor, acusador de los hermanos, engañador, mentiroso, atormentador y homicida. Satanás tiene muchos servidores, pero tiene más éxito cuando puede emplear a los que profesan ser cristianos para realizar su obra satánica. Y cuanto mayor sea la influencia, más elevada la posición que ocupen, y mayor conocimiento profesen de Dios y de su servicio, tanto mayor será el éxito con que podrá emplearlos (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 33).

Cristo se regocijaba de poder hacer por sus seguidores más de lo que podían pedir o pensar. Él sabía que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, vencería en la contienda con el mal; y que el estandarte ensangrentado ondearía triunfante sobre sus seguidores.

Él sabía que la vida de sus confiados discípulos sería como la suya -una serie ininterrumpida de victorias, no tenidas por tales
aquí, pero reconocidas como tales en el gran más allá (Obreros evangélicos, pp. 39,40).

Satanás, con su poder maestro, se interpone entre los seres humanos y la ley divina, y mediante sus falsedades y sofisterías los inspira para que se rebelen contra Dios y su ley, así como él lo hizo. Odia a los que no puede engañar y trata de malinterpretar sus palabras y acciones para que el mundo los destruya mediante la persecución, a fin de que no haya almas que no se liguen con el príncipe de este mundo y gobernador de las tinieblas. La historia muestra que nadie puede servir a Dios sin entrar en conflicto con las fuerzas unidas del mal; y ese conflicto entre el creyente y sus enemigos puede ser doloroso, y en ocasiones el alma puede ser tentada y caer bajo el poder del mal. Sin embargo, el Señor no permitirá que sus siervos, si claman por ayuda, sean presos del destructor. Nuestro compasivo Salvador conoce las debilidades humanas, y a través de su siervo Juan
le envía al pecador arrepentido un mensaje de consuelo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiamos de toda maldad”. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9; 2: 1, 2) (Signs of the Times, 14 de noviembre, 1895).

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