Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

En la Biblia, el carácter sagrado y permanente de la relación que existe entre Cristo y su iglesia está representado por la unión del matrimonio. El Señor se ha unido con su pueblo en alianza solemne, prometiendo él ser su Dios, y el pueblo a su vez comprometiéndose a ser suyo y solo suyo. Dios dice: “Te desposaré conmigo para siempre: sí, te desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia, y en compasiones” (Oseas 2:19, V. M.). Y también: “Yo soy vuestro esposo” (Jeremías 3:14). Y San Pablo emplea la misma figura en el Nuevo Testamento cuando dice: “Os he desposado a un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2).

La infidelidad a Cristo de que la iglesia se hizo culpable al dejar enfriarse la confianza y el amor que a él le unieran, y al permitir que el apego a las cosas mundanas llenase su alma, es comparada a la vio­lación del voto matrimonial. El pecado que Israel cometió al apartarse del Señor está representado bajo esta figura; y el amor maravilloso de Dios que ese pueblo despreció, está descrito de modo conmovedor: “Te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor; y viniste a ser mía”. “Y fuiste sumamente hermosa, y prosperaste hasta llegar a dignidad real. Y salió tu renombre entre las naciones, en atención a tu hermosura, la cual era perfecta, a causa de mis adornos que yo había puesto sobre ti… Mas pusiste tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre”. “Así como una mujer es desleal a su marido, así vosotros habéis sido desleales para conmigo, oh casa de Israel, dice Jehová”. “¡Ah, mujer adúltera, que en vez de tu marido admites los extraños!” (Ezequiel 16:8, 13-15, 32; Jeremías 3:20, V.M.) (El conflicto de los siglos, pp. 431, 432).

El ser humano no se pertenece a sí mismo; ha sido comprado con precio, ¡y qué precio! El unigénito Hijo de Dios condescendió a vivir una vida de humillación, negación y sacrificio, dejando de lado su majestad y gloria como Comandante de las cortes celestiales, a fin de ofrecer vida e inmortalidad a la raza humana. Revistió su divinidad con humanidad y vino a un mundo destruido por la maldición del pecado, a fin de dar a la familia humana un ejemplo de lo que puede llegar a ser mediante Cristo. En su naturaleza humana fue obediente a la ley de Dios para mostrar que la humanidad también puede guardar la ley mediante su poder. Todos los que desean compartir su gloria en el más allá, deben compartir su abnegación y sacrificio a cada paso del camino al cielo. Deben representar a Cristo en el mundo así como Cristo repre­sentó al Padre en el mundo (The Bible Echo, 20 de julio, 1896)

(560)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*