NOTAS DE ELENA 2013

Miércoles 6 de febrero:

Gracia y juicio en el Edén: Parte 1

La primera indicación que el hombre tuvo acerca de su redención la oyó en la sentencia pronunciada contra Satanás en el huerto. El Señor declaró: “Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Esta sentencia, pronunciada en presencia de nuestros primeros padres, fue una promesa para ellos. Mientras predecía la lucha entre el hombre y Satanás, declaraba que el poder del gran adversario sería finalmente destruido. Adán y Eva estaban como criminales ante el justo Juez, y aguardaban la sentencia que merecía su transgresión; pero antes de oír hablar de la vida de trabajo y angustia que sería su destino, o del decreto que determinaba que volverían al polvo, escucharon palabras que no podían menos que infundirles esperanza. Aunque habrían de padecer por efecto del poder de su gran enemigo, podrían esperar una victoria final…

No solo el hombre sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y “el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció” (2 Pedro 2: 19). Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán. Pero Cristo, mediante su sacrificio, al pagar la pena del pecado, no solo redimiría al hombre, sino que también recuperaría el dominio que éste había perdido. Todo lo que perdió el primer Adán será recuperado por el segundo. El profeta dijo: “Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero” (Miqueas 4:8). Y el apóstol Pablo dirige nuestras miradas hacia “la redención de la posesión adquirida” (Efesios 1:14). Dios creó la tierra para que fuese la morada de seres santos y felices. El Señor “que formó la tierra, el que la hizo y La compuso; no La crió en vano, para que fuese habitada la crió” (Isaías 45: 18). Ese propósito será cumplido, cuando sea renovada mediante el poder de Dios y libertada del pecado y el dolor; entonces se convertirá en La morada eterna de los redimidos. “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:29). “Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán” (Apocalipsis 22:3) (Patriarcas y profetas, pp. 51-53).

El misterio del evangelio se reveló en el Edén cuando Dios dijo a la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y La mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3: 15). Si Satanás pudiese haber herido la Cabeza con sus seductoras tentaciones, la familia humana hubiese estado perdida. Pero el Señor hizo conocer su propósito de planear el misterio de la gracia al declarar que Cristo aplastaría la cabeza de la serpiente bajo sus pies (The Messenger, 7 de junio, 1893).

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