Jovenes

Escriban, pues, este cántico, y enséñenselo al pueblo para que lo cante y sirva también de testimonio contra ellos (Deuteronomio 31:19).

El caso de la amnesia de Clive Wearing, de quien te hablé ayer, es uno de los más graves de los que se tiene constancia. Debido a una infección en el cerebro, su memoria quedó totalmente borrada y su capacidad de formar nuevos recuerdos fue casi aniquilada. Clive lo olvida todo más o menos cada siete segundos. Clive estaba en el hospital desorientado y totalmente perdido. No sabía quiénes lo rodeaban, ni dónde estaba. Todo era un enigma. Muy al principio de su enfermedad, Débora, su esposa, descubrió algo extraordinario. Tratando de establecer contacto con él, tomó una partitura y la sostuvo ante sus ojos. Clive había sido un renombrado musicólogo, virtuoso del piano y del órgano, y director de coros. Sin embargo, Débora no estaba preparada para lo que ocurrió. Cuando la mujer tarareó la melodía, Clive empezó a cantar la parte del tenor hasta el final de la pieza. ¡Las facultades musicales de Clive estaban totalmente intactas! Hasta el día de hoy, si el brillante músico se sienta al órgano con una partitura, puede tocar perfectamente y mover y ajustar los registros tan fácilmente como andar en bicicleta. Aun cuando Clive no puede encontrar el baño de su apartamento, ni siquiera recordar lo que dijo unos segundos antes, es capaz de dirigir un coro con elegancia y sensibilidad, dirigiéndose hacia las diferentes secciones y dándoles la entrada o corrigiendo sus errores. ¿Por qué? Porque los recuerdos musicales se guardan en el cerebro de manera diferente y probablemente más profunda. No es extraño, entonces, que Dios pidiera a Moisés que escribiera un canto para que Israel lo aprendiera y no olvidara sus instrucciones y amonestaciones. Mediante la música, el mensaje de Dios quedaría profundamente grabado en sus mentes. Fácilmente olvidamos los sermones que escuchamos y los consejos que recibimos, pero las canciones que aprendemos quedan grabadas en la mente como un sello. Por eso es muy importante ser cuidadosos en cuanto a la música que escuchamos. ¿No te ha pasado que hay melodías que no te puedes quitar de la mente? ¿Qué mensaje graba esa melodía en tu mente? Ponte a pensar en la música que escuchas y analiza su mensaje. Ahí encontrarás uno de los factores para tu fortaleza o debilidad espiritual. Y, por otra parte, aprovecha la música, como el antiguo Israel, para recordar la bondad y el cuidado de Dios. El canto sagrado tiene poder para reavivar la vida cristiana..

 

MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013

¿SABÍAS QUE…?

Por: Félix H. Cortez

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