NOTAS DE ELENA 2013

Miércoles 13 de febrero:
La “sabiduría” del mundo
La más difícil y humillante lección que el hombre debe aprender es su propia incapacidad si depende de la sabiduría humana, y el seguro fracaso de sus propios esfuerzos para leer correctamente la naturaleza.

El pecado ha oscurecido su visión, y por sí mismo no puede interpretar la naturaleza sin colocarla por encima de Dios. No puede percibir a Dios en ella ni a Jesucristo, a quien él ha enviado. Está en la misma situación en que estuvieron los atenienses que erigían sus altares para el culto de la naturaleza. Pablo, de pie en medio del Areópago, presentó delante de la gente de Atenas la majestad del Dios viviente en contraste con su culto idólatra [Se cita Hechos 17:22-29],

Los que tienen un verdadero conocimiento de Dios no llegarán a cegarse con las leyes de la materia o las funciones de la naturaleza hasta el punto de pasar por alto o negarse a reconocer la acción continua de Dios en la naturaleza. La naturaleza no es Dios, ni nunca fue Dios. La voz de la naturaleza testifica de Dios, pero la naturaleza no es Dios. Como actúa creada por él, sencillamente da testimonio del poder de Dios. La Deidad es la autora de la naturaleza. El mundo natural tiene en sí mismo únicamente el poder que Dios le da.

Los antiguos filósofos se enorgullecían de su conocimiento superior. Leamos cómo comprendía esto el apóstol inspirado. “Profesando ser sabios -dice él- se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles… Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador”. El mundo no puede con su sabiduría humana conocer a Dios. Sus sabios obtienen un conocimiento imperfecto de Dios que toman de sus obras creadas, y después, en su necedad, exaltan la naturaleza y las leyes de la naturaleza por encima del Dios de la naturaleza. Los que no tienen un conocimiento de Dios por la aceptación de la revelación que él ha hecho de sí mismo en Cristo, obtendrán solo un conocimiento imperfecto de él en la naturaleza; y ese conocimiento, lejos de hacer que todo el ser esté en conformidad con la voluntad divina, convertirá a los hombres en idólatras. Profesando ser sabios, se harán necios.

Los que piensan que pueden obtener un conocimiento de Dios sin contar con su Representante, de quien la Palabra declara que es “la imagen misma de su sustancia”, necesitarán hacerse necios en su propia opinión antes de que puedan ser sabios. Es imposible lograr un perfecto conocimiento de Dios proveniente solo de la naturaleza, pues la naturaleza misma es imperfecta. Ésta no puede en su imperfección representar a Dios, no puede revelar el carácter de Dios en la perfección moral que tiene. Pero Cristo vino como un Salvador personal para el mundo. Representó a un Dios personal. Como un Salvador personal, ascendió a lo alto; y vendrá otra vez así como ascendió al cielo: como un Salvador personal. Es la imagen misma de la
persona del Padre. “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Comentario bíblico adventista, tomo 6, p. 1068).

Hay personas que consideran haber realizado descubrimientos admirables en el campo de la ciencia. Citan las opiniones de eruditos como si los consideraran infalibles y enseñan las deducciones de la ciencia como si fueran verdades incontrovertibles; y la Palabra de Dios, que fue dada para servir de lámpara a los pies del viajero cansado, es considerada como una falsedad al ser juzgada por esas normas. Las investigaciones científicas que estos hombres han realizado han demostrado ser una trampa para ellos. Han nublado sus mentes y los han transformado en escépticos. Tienen una noción de
poder, y en lugar de mirar hacia la Fuente de toda sabiduría, se felicitan por el conocimiento superficial que pueden haber obtenido.

Han exaltado su propia sabiduría humana en oposición a la sabiduría del grande y poderoso Dios, y se han atrevido a entrar en controversia con él…

Dios ha permitido que una abundante luz fuera derramada sobre el mundo en forma de descubrimientos en los campos de la ciencia y del arte; pero cuando los que profesan ser hombres de ciencia hablan y escriben acerca de estos temas desde un punto de vista meramente humano, con toda seguridad llegarán a conclusiones equivocadas. Si las mentes más destacadas no se dejan guiar por la Palabra de Dios en sus investigaciones, quedarán perplejas en sus esfuerzos por averiguar la relación que existe entre la ciencia y la revelación. El Creador y sus obras están más allá de su comprensión, y puesto que no lo pueden explicar a la luz de las leyes naturales, consideran que el relato bíblico no es digno de confianza. Los que dudan acerca de la veracidad de los registros del Antiguo Testamento y del Nuevo, serán inducidos a dar un paso más y dudar de la existencia de Dios; entonces, habiéndose soltado de su ancla, quedan a la deriva para estrellarse contra las rocas de la infidelidad. Moisés escribió bajo la dirección del Espíritu de Dios, y una teoría geológica correcta nunca hablará de descubrimientos que no puedan ser reconciliados con sus declaraciones. Una idea que sirve de tropiezo a muchos, es la que sostiene que Dios no creó la materia cuando llamó al mundo a la existencia; esta pretensión limita el poder del Santo de Israel (Exaltad a Jesús, p. 54).

(606)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*