Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Proclamar el nombre de Dios

Estamos viviendo en los últimos días y podemos esperar grandes cosas de parte de Dios. Debemos acercarnos al trono de su gracia y reclamar sus promesas. El Espíritu Santo descenderá sobre hombres y mujeres, hijos e hijas, “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:32). Esto nos muestra una maravillosa obra que será hecha, para la cual necesitamos cada día el poder convincente de Dios en nuestros corazones. El cielo está lleno de bendiciones y es nuestro privilegio experimentar las ricas promesas de Dios para nosotros. Debemos buscar al Señor noche y día a fin de saber lo que debemos hacer y tomar los pasos necesarios para realizarlo.

El Señor tiene una obra especial que debemos hacer individual­mente. Al ver la maldad del mundo, maldad que se percibe en las cortes judiciales y en los periódicos, debemos acercamos al Señor y vivir por fe en sus promesas. Nosotros podemos tener influencia, una poderosa influencia en el mundo. Si el poder convincente de Dios nos acompaña, seremos capaces de atraer almas que ahora están en el pecado para que se conviertan.

En esta obra debemos trabajar humildemente. No debemos tratar de escalar a posiciones elevadas o recibir las alabanzas de los hom­bres. No debemos buscar la preeminencia sino trabajar para la gloria de Dios. Con la inteligencia que Dios nos ha dado, debemos colocar­nos en el canal a través del cual fluye la luz y la gracia para que él nos modele y perfeccione a la divina similitud. El cielo está esperando conceder sus ricas bendiciones sobre los que se consagran a la obra de Dios en estos últimos días de la historia de este mundo. Seremos probados; pasaremos noches en vigilia; pero dediquémoslas a orar para que Dios nos permita comprender los privilegios que tenemos.

No mostremos una religión negativa ni luchemos por la preemi­nencia; busquemos la grandeza de la humildad y la comprensión de la voluntad de Dios. Él desea que en estos últimos días seamos hombres y mujeres libres de la maldad de todo tipo que predomina entre aque­llos que no aceptan el consejo divino. Desea que el Espíritu nos guíe, porque lo buscamos a él con todo nuestro corazón.

Debemos ser testigos, no solamente con nuestras palabras o nuestra predicación, sino con una vida que vive la verdad; una vida que muestre que tenemos al Testigo viviendo en nuestros corazones. Cuando llegue el gran día de Dios, los que hayan servido a Cristo verán la luz divina brillando sobre ellos, mientras que los que hayan sido infieles a su cometido se preguntarán: ¿Por qué no compartí la verdad que conocía? ¿Por qué no la viví? ¿Por qué no consagré mi corazón, alma y voz a proclamar la verdad? Mis hermanos y herma­nas, les ruego en el nombre de Jesús de Nazaret, que dediquen mucho tiempo a orar e investigar la Palabra, a fin de comprender las pro­mesas que han sido puestas delante de nosotros (Review and Herald, 1º de abril, 1909).

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