Notas de Elena | Martes 14 de mayo 2019 | El egoísmo: El destructor de la familia | Escuela Sabática

Martes 14 de mayo:

El egoísmo: El destructor de la familia

Si el mundo ve que existe perfecta armonía en la iglesia de Dios, será para este una poderosa evidencia en favor de la religión cristiana. Las disensiones, algunas desdichadas divergencias y los enfrentamientos por insignificancias en la iglesia, deshonran a nuestro Redentor. Todas estas cosas pueden ser evitadas si el yo se entrega a Dios y los que siguen a Jesús obedecen la voz de la iglesia. La incredulidad sugiere que la independencia individual aumenta nuestra importancia, que es señal de debilidad renunciar a nuestras ideas de lo que es correcto y propio, para acatar el veredicto de la iglesia; pero es peligroso seguir tales sentimientos y opiniones, y nos llevará a la anarquía y confusión. Cristo vio que la unidad y la comunión cristianas eran necesarias para la causa de Dios y, por lo tanto, las ordenó a sus discípulos. Y la historia del cristianismo desde aquel tiempo hasta ahora demuestra en forma concluyente que tan solo en la unión hay fuerza…
Los apóstoles sentían la necesidad de la unidad estricta y trabajaban con fervor para alcanzarla. Pablo exhortó a sus hermanos con estas palabras: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”. 1 Corintios 1:10 (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 23).
Cristo nos ha dado un ejemplo de amor y humildad, y ha ordenado a sus seguidores que se amen mutuamente como él los ha amado. Con humildad, debemos estimar a otros superiores a nosotros. Debemos ser severos con nuestros propios defectos de carácter, prontos para discer-nir nuestros errores y equivocaciones, y tener menos en cuenta las faltas ajenas que las nuestras…
El orgullo del talento, el orgullo del intelecto, no pueden existir en el corazón que está oculto con Cristo en Dios… Humillémonos pues y adoremos a Jesús, pero nunca, nunca, nos exaltemos en lo mínimo… Sí los motivos de toda nuestra vida son servir y honrar a Cristo y bendecir a la humanidad en el mundo, entonces el camino más lóbrego del deber nos parecerá iluminado, el camino señalado para que transiten los rescatados del Señor (A fin de conocerle, p. 177).
El mayor peligro de la iglesia de Cristo no es la oposición del mundo. Es el mal acariciado en los corazones de los creyentes lo que produce el más grave desastre, y lo que, seguramente, más retardará el progreso de la causa de Dios. No hay forma más segura para destruir la espiritualidad que abrigar envidia, sospecha, crítica o malicia. Por otro lado, el testimonio más fuerte de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo, es la armonía y unión entre hombres de distintos caracteres que forman su iglesia. El privilegio de los seguidores de Cristo es dar ese testimonio. Pero para poder hacerlo, deben colocarse bajo las órdenes de Cristo. Sus caracteres deben conformarse a su carácter, y sus voluntades a la suya (Los hechos de los apóstoles, p. 438).
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Notas de Elena G. de White
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