Notas de Elena | Martes 16 de abril 2019 | Preparación para la paternidad | Escuela Sabática

Martes 16 de abril: Preparación para la paternidad
[La] madre [de Jesús] fue su primera maestra humana. De sus labios y de los pergaminos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Vivió en un hogar de campesino, fiel y alegremente cumpliendo su parte de los deberes hogareños… [Él] era un siervo dispuesto, un hijo amante y obediente. Aprendió un oficio y con sus propias manos trabajaba en el taller de carpintero con José. Vestido con el traje sencillo de un jornalero común caminaba por las calles del pequeño pueblo, yendo y viniendo de su humilde empleo.
Recibió su educación de fuentes celestiales, por medio del trabajo útil, el estudio de las Escrituras y de la naturaleza, y de las experiencias de la vida: los libros de texto de Dios, llenos de instrucción para todos los que se allegan a ellos con corazones dispuestos, con discernimiento y espíritu de entendimiento (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 234).
Ana consagró a Samuel al Señor, y Dios se le reveló a él en su niñez y juventud. Debemos trabajar mucho más por nuestros niños y jóvenes, pues Dios los aceptará para que hagan grandes cosas en su nombre… Él desea que los niños le sirvan con un afecto indiviso.
Padres, hay una gran obra que debéis hacer para Jesús, quien ha hecho todo por vosotros. Tomadlo como a vuestro guía y ayudador. Dios no ha retenido de vosotros el máximo don que tenía para dar: su Hijo unigénito. Los niños y jóvenes no deben ser estorbados en su aproximación a Jesús. Satanás trata de aprisionar a los niños como con cintas de acero, y podréis tener éxito en llevarlos a Jesús solo mediante decididos esfuerzos personales. Debiera prodigarse más ferviente labor a los niños y a los jóvenes, pues son la esperanza de la iglesia. José, Daniel y sus compañeros, Samuel, David, Juan y Timoteo son brillantes ejemplos que testifican del hecho de que “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Proverbios 9:10 (Mensajes selectos, t. 1, p. 374).
La madre debe sentir la necesidad de la dirección del Espíritu Santo, sentir que ella misma debe experimentar verdadera sumisión a los caminos y a la voluntad de Dios. Entonces, por la gracia de Cristo, puede ser una maestra sabia, bondadosa y amante. Para hacer debidamente su obra, se requieren de ella talento, habilidad, paciencia, cuidado reflexivo, desconfianza propia y oración ferviente. Procure cada madre cumplir sus obligaciones por esfuerzo perseverante. Lleve a sus pequeñuelos en los brazos de la fe a los pies de Jesús, y cuéntele su gran necesidad y pídale sabiduría y gracia. Fervorosa, paciente y valientemente, ella debe procurar mejorar su propia capacidad, a fin de usar correctamente las más altas potencias de la mente en la educación de sus hijos.
Como gobernantes unidos del reino del hogar, sientan el padre y la madre bondad y cortesía el uno hacia el otro. Nunca debe su comportamiento militar contra los preceptos que procuran inculcar. Deben conservar la pureza del corazón y la vida si quieren que sus hijos sean puros. Deben educar y disciplinar el yo si quieren que sus hijos se sometan a la disciplina. Deben dar a sus hijos un ejemplo digno de imitación (Consejos para los maestros, p. 122).
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Notas de Elena G. de White
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 3: Para el 20 de abril de 2019
PREPARÉMONOS PARA EL CAMBIO
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Maira Fermin

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