Notas De Elena | Martes 26 de mayo del 2020 | El Génesis versus el paganismo | Escuela Sabática

Martes 26 de mayo: El Génesis versus el paganismo

El pagano inculto aprende sus lecciones a través de la naturaleza y de sus propias necesidades, e insatisfecho con las tinieblas se esfuerza por alcanzar la luz, buscando a Dios en la Primera Gran Causa. En el libro de Génesis se registran varias maneras en las que el Señor habla. Pero es sorprendente el contraste entre la revelación del Altísimo en dicho libro y las ideas de los gentiles. Muchos filósofos paganos tuvieron un conocimiento de Dios que era puro, pero la degeneración, el culto a las cosas creadas, comenzó a oscurecer ese conocimiento. Las obras de las manos de Dios en el mundo natural: el sol, la luna y las estrellas, fueron veneradas —Alza tus ojos, p. 276.

La filosofía humana declara que para la creación del mundo se destinó un período indefinido de tiempo. ¿Presenta Dios el asunto en esta forma? No; él dice: “Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días [no seis períodos indefinidos de tiempo; porque entonces no habría manera posible en que el hombre pudiera observar el día especificado en el cuarto mandamiento] hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”…

Sin embargo, teniendo ante sí los oráculos vivientes, los que pretenden predicar la Palabra presentan las suposiciones de mentes humanas, las máximas y los mandamientos de hombres. Anulan la ley de Dios por sus tradiciones. Los sofismas referentes a que el mundo ha sido creado en un período indefinido de tiempo son uno de los engaños satánicos. Dios habla a la familia humana en lenguaje que esta puede comprender. Él no deja el tema tan indefinido que los seres humanos puedan acomodarlo a sus teorías —Testimonios para los ministros, pp. 135, 136.

Mediante la influencia de Jezabel y sus sacerdotes impíos, se enseñaba al pueblo que los ídolos que se habían levantado eran divinidades que gobernaban por su poder místico los elementos de la tierra, el fuego y el agua. Todas las bendiciones del cielo: los arroyos y corrientes de aguas vivas, el suave rocío, las lluvias que refrescaban la tierra y hacían fructificar abundantemente los campos, se atribuían al favor de Baal y Astarte, en vez del Dador de todo don perfecto. El pueblo olvidaba que las colinas y los valles, los ríos y los manantiales, estaban en las manos del Dios vivo; y que este regía el sol, las nubes del cielo y todos los poderes de la naturaleza —Profetas y reyes, p. 85.

Mediante el paganismo, Satanás había apartado de Dios a los hombres durante muchos siglos; pero al pervertir la fe de Israel había obtenido su mayor triunfo. Al contemplar y adorar sus propias concepciones, los paganos habían perdido el conocimiento de Dios, y se habían ido corrompiendo cada vez más. Así había sucedido también con Israel. El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado —El Deseado de todas las gentes, p. 26.

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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE

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