NOTAS DE ELENA 2013

Sábado 9 de febrero
Somos propiedad del Señor tanto por creación como por redención.
Somos súbditos suyos y sujetos a las leyes de su reino. Que nadie se engañe pensando que el Señor Dios del cielo y de la tierra no tiene ley para controlar y gobernar a los súbditos. Dependemos de Dios para todo aquello que disfrutamos. Recibimos de él el alimento que tomamos, las ropas que vestimos, el aire que respiramos, la vida que gozamos día tras día. Estamos bajo la obligación de aceptar su voluntad, coincidir con sus planes y decisiones y reconocerlo como nuestro supremo gobernante. Siendo que todas nuestras bendiciones provienen de su mano, tenemos la mayor responsabilidad de manifestarle nuestra gratitud por su misericordia, bondad y benevolencia, retomándole lo que es suyo mediante ofrendas y donaciones, gozosos de mostrar nuestra dependencia de Él (Review and Herald, 9 de marzo, 1897).
Dios requiere de su herencia comprada con sangre una entrega completa de la vida. Cada parte del ser pertenece a Dios por ser nuestro Creador y Redentor; por lo tanto él es nuestro dueño. Nos pide que le sirvamos y que no nos inclinemos ante los altares mundanos (Review and Herald, 23 de julio, 1901).

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