NOTAS DE ELENA 2013

Se habla mucho acerca de Dios en la naturaleza, corno si el Señor estuviera obligado por sus leyes a ser su siervo. Muchas teorías conducirían las mentes a suponer que la naturaleza es una entidad dotada de vida propia, separada de la Deidad, con poder inmanente para funcionar. La gente no sabe de qué habla cuando supone que la naturaleza tiene poder inherente que la hace funcionar sin el control permanente del Creador. El Señor no obra por medio de sus leyes para invalidar las leyes de la naturaleza. Él hace su obra mediante las leyes y los atributos de sus instrumentos, y la naturaleza obedece a un “así dice Jehová”.

El Dios de la naturaleza está constantemente en acción. Su poder infinito obra en forma imperceptible, pero sus manifestaciones se observan en los efectos producidos por su obra. El mismo Dios que dirige los planetas obra en el vergel y en el huerto; pero jamás hizo una espina, un cardo ni cizaña, los cuales son obra de Satanás, el resultado de la degeneración introducida por él dentro de las cosas preciosas. Sin embargo, cada capullo florece por medio del poder directo de Dios. Cuando Cristo estuvo en  la tierra como ser humano, dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo (Juan 5:17). Entonces, cuando los alumnos dedican su tiempo y sus fuerzas a labores agrícolas, se dice de ellos en el cielo: “Somos colaboradores de Dios” (l Corintios 3:9) (Testimonios para  la iglesia, tomo 6, pp.  189, 190).

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