misionero mundial adventista

A Serah le dolió el corazón al ver lo que había significado la escuela para muchas personas.
Pero, ¿qué podía hacer ella? Ella y su familia vivían en una isla más grande no muy lejos de allí. Tenía un buen empleo como profesora de inglés en una escuela secundaria y a sus hijos les iba muy bien en la escuela.
Pero Serah no pudo dejar de pensar en la escuela misionera. Oraba diariamente, pidiéndole a Dios orientación sobre lo que debía hacer.
Pronto se convenció de que Dios deseaba que ella volviera a la pequeña isla y salvara la escuela adventista. Parecía una locura, incluso para ella, retirar a sus hijos de una buena escuela, y perder los beneficios de su jubilación para aceptar un empleo en el cual no se le pagaría ningún salario.
Pero no pudo rechazar el llamado divino.

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