La promulgación del decreto de muerte, 17 de septiembre
Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la
adorase. Apocalipsis 13:15.
Cuando Jesús salga del lugar santísimo, su Espíritu refrendador se retirará de los gobernantes y del pueblo. Estos quedarán bajo
el dominio de los ángeles malos. Entonces, por consejo y dirección de Satanás, se harán leyes tales que, a menos que el tiempo sea
muy corto, no se salvará ninguna carne.—Joyas de los Testimonios 1:75.
Vi que los cuatro ángeles iban a retener los vientos mientras no estuviese hecha la obra de Jesús en el santuario, y que entonces
caerían las siete postreras plagas. Estas enfurecerían a los malvados contra los justos, pues los primeros pensarían que habríamos
atraído los juicios de Dios sobre ellos, y que si pudieran raernos de la Tierra las plagas se detendrían. Se promulgará un decreto
para matar a los santos, lo cual los hará clamar día y noche por su libramiento. Ese será el tiempo de angustia de Jacob.—Primeros
Escritos, 36, 37.
Vi después que los hombres importantes de la Tierra consultaban entre sí, Satanás y sus ángeles estaban atareados en torno de
ellos. Vi un edicto del que se repartieron ejemplares por distintas partes de la Tierra, el cual ordenaba que si dentro de determinado
plazo no renunciaban los santos [277] a su fe peculiar y prescindían del sábado para observar el primer día de la semana, quedaría la gente
en libertad para matarlos.—Primeros Escritos, 282.
Por más que un decreto general haya fijado el tiempo en que los observadores de los mandamientos puedan ser muertos, sus
enemigos, en algunos casos, se anticiparán al decreto y tratarán de quitarles la vida antes del tiempo fijado. Pero nadie puede atravesar
el cordón de los poderosos guardianes colocados en torno de cada fiel. Algunos son atacados al huir de las ciudades y villas. Pero las
espadas levantadas contra ellos se quiebran y caen como si fueran de paja. Otros son defendidos por ángeles en forma de guerreros…
Con ternura y simpatía, los ángeles han presenciado la angustia de ellos y han escuchado sus oraciones. Aguardan la orden de su jefe
para arrancarlos del peligro. Pero tienen que esperar un poco más. El pueblo de Dios tiene que beber la copa y ser bautizado con el
bautismo.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 689.
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